Lisboa

Uma cidade maravilhosa




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Foto: www.dialisisycruceros.com

La fama de los portugueses como prodigiosos marinos y descubridores está más que justificada. Muchos de los grandes nombres de la historia del país tienen que ver con el mar y con la conquista de nuevos horizontes al otro lado del océano. Lisboa era el punto de partida y destino de los grandes descubridores portugueses.

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Si hay un detalle que define la historia de Portugal, ese es la constante de su relación con el mar y con los territorios más allá del Ecuador. La historia de Portugal es una historia de navíos y travesías marítimas, y como tal se respira en cada rincón de Lisboa. Monumentos, conmemoraciones y narraciones para recordar el legado de los grandes descubridores.

Nombres como los de Don Henrique o Vasco de Gama están tan idealizados en la historia portuguesa que no hay celebración en el país vecino en la que no se haga referencia a ese periodo de esplendor.

Una victoria que abre la vía marítima

Las disputas entre los monarcas y los portugueses fueron constantes durante la Edad Media. Tras el saqueo de Lisboa por las tropas españolas encabezadas por Enrique II de Castilla, el conflicto terminó con la batalla de Aljubarrota, en la que el ejército portugués, bajo el mando de Don Joao, derrotó al castellano, consiguiendo la completa independencia de Castilla.

Es a partir de ese momento cuando Portugal inicia su periodo expansionista. Primero con la conquista de Ceuta, a cargo de D. Joao I en 1415, después, en 1419 con el asentamiento en Madeira para terminar, en 1472 con la toma de Tánger. El principal impulsor de esta política sería Don Henrique, conocido con el sobrenombre de El Navegante, y continuada por Don Joao II, firmante, junto a los Reyes Católicos, del famoso tratado de Tordesillas, y por Manuel I, organizador del primer viaje de Vasco de Gama.

El brillo del oro de ultramar

Durante el siglo XVI, esta política de expansión alcanzará sus momentos de mayor esplendor. Lisboa, la capital, pasa de los cien mil habitantes a albergar a un elevado número de artistas, científicos y comerciantes favorecidos por las riquezas que llegan de los nuevos territorios más allá del mar. En el puerto de Mar de Paja llegan a fondear más de 3.000 naves y la actividad en la ciudad es incesante. En este periodo se levantan el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem y el Palacio de la Ribeira.

Pero ese periodo glorioso tocó a su fin tras la muerte del monarca Don Sebastiao, que dejó sin sucesor la corona portuguesa. Tras numerosos enfrentamientos entre los diferentes grupos que aspiraban al trono, terminó siendo coronado Felipe II, el rey español, que se incluía en la línea sucesoria directa. De esa forma, Portugal volvió a pasar a estar bajo el dominio de la corona castellana, poniéndose fin al periodo de más éxito del reinado portugués y de la ciudad de Lisboa.

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