Los cafés son una parte importante de la historia de Lisboa. Con su destacada relevancia como enclave depositario de la cultura de Portugal, los cafés se convirtieron en los lugares de encuentro de los más ilustres representantes de las letras y las artes del país. A día de hoy, muchos de esos cafés son parte del testimonio que queda de aquellos genios.
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En Lisboa, los cafés forman un episodio muy importante de la historia. Eran estos lugares de reunión donde se discutía y divagaba sobre lo humano y lo divino o, incluso, se conspiraba, en función de lo turbias que bajaran las aguas de la política local. A día de hoy ya no son tan numerosos como antaño, pero siguen manteniéndose algunos de los más clásicos.
En medio de los nuevos locales, de espacios más diáfanos y decoración minimalista, los cafés tradicionales perduran gracias a una clientela fiel y a un buen número de turistas que acuden tras el olor de la nostalgia para degustar una taza de café. Un café, por cierto, de sabor excelente, muy apreciado sobre todo por aquellos a los que les gusta bien cargado y bastante espeso.
Dos pesos pesados
El Café Brasileira, en la calle Garret número 120, en el barrio de Chiado, fue fundado en 1905, entonces como una tienda especializada en la venta de café brasileño. Fue en los años 20 y 30 del siglo pasado cuando se convirtió en el punto de encuentro de artistas y creadores de la época. Hoy sigue conservando sus marcos y el mobiliario de maderas nobles y los múltiples espejos en medio de un ambiente tranquilo. En la terraza, una estatua de Pessoa hace compañía a los amantes del café y sirve para que los turistas se saquen una foto frente a la mayor figura de la literatura portuguesa.
El Café da Incola, en la Rua 1º de Dezembro 35, es otro de los más conocidos y visitados. Inaugurado en 1922, fue pionero en la costumbre de las tertulias literarias, permaneciendo cerrado por un tiempo, antes de reabrir con motivo de la Expo de 1998. Antes de entrar, es mejor no perder la oportunidad de echarles un vistazo a las figuras que semejan apoyarse sobre el dintel de la puerta.
Un trío de calidad
El café Martinho da Arcada es el más antiguo de Lisboa. Fundado en 1782 y situado en la misma Praça do Comercio, era uno de los preferidos de Fernando Pessoa. Reformado hace unos años, pero manteniendo el estilo clásico de sus orígenes, ha añadido una zona dedicada al restaurante del mismo nombre.
La Padaria de Sâo Roque, muy cerca del Pavilhao Chinés, es un lugar muy tranquilo, con un bonito interior de líneas modernistas. El Pavilhao Chinés, por su parte, un poco más allá del mirador de Sâo Pedro de Alcântara, es fruto del capricho de un rico lisboeta, que ha montado una especie de café museo, lleno de juguetes, carteles y otros objetos de principios del siglo XX.
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