Los pasteles y los dulces son una de las especialidades de Lisboa. Grandes y pequeños, de nata o de crema, para tomar solos o con una taza de café, la ciudad presume de un surtido amplio y variado que no deja indiferente. Una parada en cualquiera de las elegantes pastelerías servirá para elevar nuestros niveles de azúcar hasta hacernos esbozar una sonrisa.
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Portugal siempre se ha considerado un paraíso en el mundo de la repostería. Quienes disfruten de los sabores dulces, tiene en Lisboa un lugar ideal en el que gozar de los variados pasteles de todo tipo preparados en sus pastelerías. Además de haber un número bastante elevado de ellas, la calidad de los productos es de lo mejor.
Las más destacadas confiterías
Una de las más típicas pastelerías de Lisboa es al Confitaría Nacional, en la Praça da Figueira. Fundada en 1829, cuenta la tradición que fue el primer lugar en el que se hizo el tradicional Roscón de Reyes, a partir de una receta traída de París. Cierta o no la historia, la verdad es que el surtido de pasteles y el sabor de los cafés es de los mejores de la ciudad.
Otras pastelerías destacadas, son las de O Cha do Carmo, en el Largo do Carmo, un café tranquilo de estilo antiguo que cuenta con repostería, y la de Café Suiça, en la propia Praça de Dom Pedro IV, una de las más frecuentadas por los turistas.
Por supuesto, no podemos olvidarnos de la Antiga Confeitaria de Belém, muy cerca de la torre y del Monasterio de los Jerónimos. Fundada en 1837, no hay turista que no pare en ella para hacerse con sus sabrosos pasteles de crema. Siempre está muy animada, con una clientela abundante, acomodada por todos los rincones de este lugar con una preciosa decoración de azulejos.
Para terminar, un trago de ginginha
Tras tanto dulce, no vendría mal un trago que ayude a digerir los excesos de azúcar. Para eso, los lisboetas disponen de un licor preparado a base de aguardiente y cerezas, la ginginha. Bajo la misma denominación, también se agrupan algunas bodegas con unas características similares. Locales pequeños, de cuidada decoración, en los que la clientela sólo entra a apurar su trago de ginginha.
Entre las de mayor fama en Lisboa están la propia Ginginha, en Largo S. Domingos, la Ginginha Rubí, en la Rua Barrio de Queiros, con un interior de azulejos que es una obra de arte, y la Girginha Eduardino. Es esta última una de las más concurridas de la ciudad, probablemente por su ubicación en la Rua Portas de Sâo Antâo número 7. Mantiene intacto el aroma particular de las antiguas bodegas a las que se acudía a comprar vino a granel. El único inconveniente es que hay que aguardar turno pacientemente.
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