Lisboa

Uma cidade maravilhosa




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Foto Osvaldo Gago

Foto Osvaldo Gago

La parte más occidental del casco urbano de Lisboa comprende tres barrios de gran resonancia histórica: Ajuda, Belém y Restelo, este último convertido en la actualidad en una lujosa residencial donde abundan las sedes de embajadas y palacetes privados.

Por su parte, el desarrollo urbanístico de los barrios de Ajuda y Belém está directamente relacionado con la intervención de los monarcas portugueses, que construyeron palacios y conventos en esta parte de la ciudad.

En el caso de Ajuda, fue el Rey José I quien, después del terremoto, trasladó su residencia a este lugar y tras él lo hizo el resto de la nobleza. Por su parte, el barrio de Belém surgió como consecuencia directa del desarrollo de los descubrimientos portugueses. De sus playas salieron las naves de Vasco da Gama y de Pedro Álvares Cabral y a ellas regresaron tras completar sus travesías.

Visitas obligadas para el turista

Belém es hoy en día un lugar de visita obligada para los viajeros que llegan a Lisboa. En esta zona de la ciudad se encuentran edificios emblemáticos, como la Torre de Belém, el Monasterio de los Jerónimos, varios museos y el palacio presidencial.

Por su parte, los orígenes de Ajuda se remontan a la construcción de una ermita bajo la advocación de Nossa Senhora da Ajuda, en el lugar que fue encontrada una imagen de la virgen. No obstante, el verdadero desarrollo del barrio se produjo después del terremoto de 1755, cuando José I se trasladó a esta zona.

Ajuda, apenas afectada por el terremoto, fue el lugar indicado para que el monarca se construyera un palacio de madera y lona que los lisboetas denominaron Real Barraca o Paço de Madeira. Este palacio, en el que murió José I en 1777, resultó destruido a causa de un incendio en 1794.

El Palacio Nacional de Ajuda

Su construcción sufrió numerosas interrupciones debido a problemas de distinta índole, pero sobre todo al viaje de la Familia Real a Brasil en 1807 para huir de la invasión de las tropas napoleónicas.

Las obras se reanudaron en 1813, a cargo de António Francisco Rosa, y el palacio pasó a ser habitado por los reyes portugueses a partir de mediados del siglo XIX. En la actualidad, aunque depende de la Presidencia de la República y sus salones se usan para celebrar ceremonias oficiales, el palacio está abierto al público y una parte del mismo se ha transformado en museo.

La parte visitable consta de 34 salas, distribuidas en dos pisos, en las que se pueden admirar las habitaciones ocupadas por algunos de los últimos reyes de Portugal, donde se exhiben magníficas colecciones de mobiliario, sobre todo de los estilos Luis XV y Luis XVI, tapices realizadas sobre cartones de Goya, etc.

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