Una visita a Lisboa, ya sea de uno, dos, tres o cuarenta días, debe incluir un recorrido obligado por los barrios más emblemáticos de la ciudad. Unos barrios que nos ayudan a comprender lo que significa Lisboa y lo mucho que tiene que ofrecer tanto a los que viven en ella como a los que se acerca a disfrutarla de forma temporal.
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La ciudad de Lisboa es un conjunto de unas dimensiones demasiado importantes como para poder abarcarla de un solo intento. Como buena capital costera, tiene influencias de muy diversos lugares y un espíritu camaleónico que la lleva a expresarse de muy diversas formas, pero todas ellas sorprendentes. De entre todos los rincones que ofrece la ciudad, son sus barrios, los más emblemáticos los que mejor hablan de Lisboa.
Barrios tan conocidos y diversos como los de Baixa, el Barrio Alto, Chiado y Alfama. Cuatro ejemplos de corazones palpitantes alimentando el mismo cuerpo, el cuerpo de Lisboa. Cada uno con sus matices y su sabor particular, pero todos tejidos dentro de la misma tela de araña que conforma la ciudad.
Tradición y novedad en Alfama y Baixa
El barrio de Alfama es el más típico y tradicional de Lisboa, un lugar que se ha ido haciendo a sí mismo con el paso de los años. Un conglomerado de callejuelas y escalinatas que serpentean por la ladera, escondiendo a los ojos del que no está atento, muchos de los rincones con mayor encanto de la ciudad.
Pequeños comercios y restaurantes que asan las sardinas y el pollo en la misma calle, tabernas y ropa tendida en las ventanas, recordando que la vida sigue más allá de nuestro asombro. La vida que sube y baja a bordo de un tranvía que parece surgir del interior de los propios edificios.
Por su parte, Baixa es el escaparate de Lisboa, la ciudad abierta al visitante. Construido tras es el terremoto de 1755 se convirtió en el símbolo de lo que era capaz el pombalismo. El arquitecto Manuel de Falla ideó un trazado reticular muy simple, en el que se abrieran hueco las grandes plazas y las nuevas calles. Calles que tomaron sus nombres de los nuevos comerciantes instalados en los edificios de de líneas sobrias. Fue así como surgieron las calles de Douradores, Sapateiros o Correeiros, por poner sólo unos ejemplos. En ambos extremos del barrio, dos de los puntos más frecuentados de la ciudad, la Plaza del Comercio y la del Rossio. Recordará sus nombres mucho tiempo después de dejar Lisboa.
Nueva vida a los viejos espacios
El Barrio Alto y el de Chiado se han convertido, ya hace algún tiempo, en la principal zona de la vida nocturna lisboeta. Edificios antiguos que ahora albergan múltiples restaurantes, bares, pubs y discotecas. El lugar apropiado para dejar que las horas se escurran, en medio de un ambiente animado.
La mejor forma de acceder a estos barrios es a través del Elevador de Santa Justa, un prodigio de ingeniería, o mediante el de la Calçada de Gloria, que lleva al mirador de San Pedro de Alcántara, uno de los más bellos de la ciudad.
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