Planificar un viaje a una ciudad tan llena de alicientes, atractivos y lugares de interés como Lisboa no resulta sencillo. De todos modos, hay algunos lugares convertidos en clásicos imprescindibles, ya sea por la belleza del enclave, por su valor histórico o cultura. Espacios para los que debería haber reservada al menos una fotografía en nuestros equipos.
Contenido
Todo recién llegado busca con la mirada el Castillo de San Jorge, un hermoso mirador desde el que se domina toda la ciudad. Su origen se remonta a la época romana, pero luego fue asentamiento de los árabes, finalmente expulsados por los portugueses.
Conservó su aire medieval a pesar del paso del tiempo hasta el terremoto del siglo XVIII, en el que perdió gran parte de sus dependencias. La visita merece mucho la pena, no sólo por el recorrido en tranvía, si no para poder disfrutar de la Torre de Ulises, la del Obervatorio o La Puerta de Martim Moniz.
La Catedral, muy cercana al Castillo, tiene un marcado aspecto de fortaleza, y es una de las pocas obras románicas que consiguieron salvarse del famoso terremoto. El interior cuenta con unos acabados y decoración de gran sobriedad y un claustro gótico. Dentro de sus dependencias se siguen realizando excavaciones que sacan a la luz muestras del rico y diverso pasado de la ciudad del Lisboa.
Paseo y cultura
La Avenida da Liberdade viene a ser para los lisboetas como los Parques Elíseos para los parisinos. Con una parte central arbolada y aceras en las que los calceteiros han derrochado todo su arte para convertirlas en auténticos mosaicos de colores. La avenida nace en el Parque Eduardo VII, en el que la famosa Estufa Fría, un invernadero sombreado en el que se cultivan plantas de climas fríos, es el lugar más interesante. Después pasa por la plaza del Marqués de Pombal, artífice de la reconstrucción de la ciudad tras el terremoto, para desembocar en la Plaza de los Restauradores, recuerdo de los héroes de la revolución contra el dominio español.
Entre las construcciones de la ciudad, destaca el museo Gulbenkian. Convertido en una de las referencias arquitectónicas del país y rodeado de una gran zona verde, no sólo alberga una relevante colección de arte oriental y de cristal, si no que es un activo centro cultural.
Una torre y un monasterio
Dos de los monumentos más emblemáticos de Lisboa son la Torre de Belem y el Monasterio de los Jerónimos. La torre fue erigida en 1514, dentro del plan de defensa de las orillas del río, lo mismo que las torres de Trafaría y Cascais.
El monasterio de los Jerónimos debe su existencia al deseo personal del rey Don Manuel de crear un monasterio en el mismo lugar en el que Henrique El Navegante había fundado una iglesia para los marinos que se embarcaban en las travesías portuguesas de la época. Hoy en día, el monasterio es el mejor exponente de los años de esplendor de Lisboa.
Popularity: 69% [?]





